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El tiempo no solo sana las heridas

      Estoy sentado sin poder dormir, sin querer dormir. Son las 3 de la mañana y sigo sentado en la misma posición en la que estaba hace 2 horas. Estoy sentado mirando la pared pintada con la oscuridad de la noche. Diría que estoy solo pero el silencio me acompaña, aunque a veces el sonido de los carros que cruzan el aburrido pueblo retumban por la sabana. Es impresionante como entre la soledad y el silencio puedo escuchar mi corazón latir, imaginando que son caballeros con una pesada armadura caminando por los pasillos de la casa, pero la realidad es que son simples murmuros de las heridas que he coleccionado a través de los años como niño aficionado a estas. La crueldad de la vida me ha tocado los cables más profundos de mi, y ahora estoy sentado sin poder dormir, sin querer dormir.

La idea de que el fin de la humanidad me capture estando en suma soledad ha sido una idea común últimamente; pero eso no es parte de mi agonía. Esos latidos que ensordecen el vació de esta sala tienen sabor a recuerdos tristes, recuerdos de una mañana de dolor, una tarde de descaro y una noche de angustia. Recuerdos de las perdidas más confusas, las caídas más lacerantes y el frió que me seguía como si no tuviese nada mejor que hacer. Estoy sentando mirando la pared porque el dolor de mis heridas me hacen sentir la confianza para apostar en que nunca más volveré a sentirme como un tonto, pero el tipo de tonto que abraza su almohada con la esperanza más hermosa de que los días pasen y tenga una cálida piel abrazando su cuerpo, la esperanza de encontrar unos solitarios labios y poder sacarlos a bailar sin preocupación de que el sol salga y el baile se detenga. Puedo apostar que mis manos no sentirán más calor que esta nieve eterna que siento en ellas. Puedo apostar que mi destino está escrito en piedra de amargura. Supongo que las ideas tristes que me pasan por la mente hacen el efecto de contar ovejas, mis ojos se cierran lentamente y me despido por hoy de mi amiga, la oscura pared. 

Hoy amaneció, y del sol se ha escapado un travieso rayito de luz que baila burlonamente sobre mi ojo derecho, el izquierdo lo tengo tapado con mi vieja almohada. Me siento y miro mi vieja pared, y me parece que estuve dormido por demasiado tiempo. Hoy me acabo de dar cuenta que soy malo apostando, pues hace varios años aposté que mis manos no sentirían calor y que mi vida se destinaba a la angustia infinita, pero la picada de perder una apuesta no me molesta, cuando eres un tonto nada te molesta. Pero hey, no soy un tonto cualquiera!, soy un tonto de los que abraza la almohada, pero no de los que la abrazan con esperanza, sino con paciencia, porque soy de los tontos que saben que no hay 6 montañas que separan la ternura, y que allá escondidos entre lomas y lluvias están esos labios que le han dado sus mejores piezas de música. Hoy miro mi pared y no quiero dormir, porque últimamente tengo sed de su voz, y escucharla me hace flotar entre los pensamientos más bellos y tontos que jamás se me pudieran ocurrir, no, me niego a dormir. Me niego a dormir porque ella hace todo tan perfecto, tan sutil, y mi realidad es más irreal que un sueño de estos donde nadas entre algodones y cosas sin sentido, la ausencia de sus besos me da sed, su voz la apacigua, el recuerdo de sus caricias revierte el proceso, y sigo muriendo de sed. 

El tiempo no solo sana las heridas, el tiempo logra más de lo esperado. El anhelo de reparar las goteras de los ojos, de recoger los pedazos del corazón esparcidos por el campo de guerra, el anhelo de acabar con el frió que arropa tu existencia con la cruel sonrisa que lo acompaña; el tiempo lo lleva al olvido. Y es que el tiempo no solo sana tus heridas, también te da la fuerza de alcanzar mucho más de lo que jamás pudiste. Hoy estoy sentado mirando mi pared, y ahora mis recuerdos tienen el sabor de sus labios, el sabor de esos besos decorados con las caricias de sus pequeñas manos, el sabor de esos besos que me decían “tranquilo, estoy aquí”. Hoy estoy sentado con mi corazón lleno de cicatrices, pero con ganas de abrazar hasta el aire, porque el tiempo no solo sana las heridas.

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